Resonancia magnética en bebés de seis meses podría predecir autismo

Una resonancia magnética del cerebro, realizada a partir de los seis meses de vida, podría predecir con un alto grado de precisión si un niño presentará o no los trastornos del espectro autista. Así lo asegura un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Carolina del Norte Chapel Hill, y dado a conocer el pasado 7 de junio a través de la revista Science Translational Medicine.

Durante el estudio se escaneron los cerebros de 59 bebés, todos ellos considerados de alto riesgo en relación con el TEA, puesto que el trastorno estaba ya presente en familiares cercanos, principalmente hermanos. Por medio de una técnica llamada «Imagen de Resonancia Magnética de Conectividad Funcional» (fcMRI), los científicos tomaron datos de cerca de 26000 pares de conexiones funcionales, en 230 regiones del cerebro. «Usamos información de imágenes funcionales de cerebro a los 6 meses e información clínica a los 24 meses para averiguar si podíamos identificar qué bebés con un riesgo alto luego desarrollarían autismo», explicó Robert Emerson, uno de los investigadores. 

De los 59 bebés,11 fueron diagnosticados con TEA a los dos años de edad, «lo que -según la agencia de noticias EFE- permitió a los investigadores, por medio de algoritmos, separar los patrones de actividad cerebral que detectaron anticipadamente 9 de los 11 casos». Esto se traduce en porcentaje de predicción exitosa de 82%.

En relación con la importancia de estos hallazgos, el Dr. John Pruett Jr., psiquiatra y radiólogo, y uno de los autores del estudio, afirmó que

Conductualmente, hay muy poco que nos informe sobre el autismo en el primer año de vida. Sería muy importante si pudiéramos identificar características basadas en el cerebro a principios de la vida. Podríamos identificar a los bebés con un riesgo incluso más alto e incluirlos en estudios de adaptaciones infantiles de las intervenciones actuales para la niñez temprana.

Sin embargo, tantos los científicos participantes en la investigación como la comunidad estadounidense en torno al autismo, están de acuerdo en la necesidad de llevar a cabo nuevos estudios que reafirmen estos resultados y, como sugiere Thomas Frazier, director científico de Autism Speaks, amplíen su rango de uso «más allá de los hermanos de riesgo».

 

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